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miércoles, 24 de septiembre de 2014

Igualdad en las calles de Bolivia: una perspectiva LGBT


En una vuelta por La Paz visitamos Plaza Murillo, la plaza político central. Colgada en el Palacio del Gobierno había una bandera que tenía un sospechoso parecido a la bandera del orgullo gay (ver imagen). Resulta que era “la Wiphala”. Cuando Evo Morales ocupó el poder el 2006,  implementó una reforma constitucional, que incluyo reformas positivas para la comunidad LGBT. Su visión era crear un estado basado en ‘igualdad’ tanto que en cada tienda, café, bar y restaurant haya una placa que diga “todos somos iguales ante la ley”.   



Puedes imaginar que positiva me sentía en esta primera semana, que lujo, vivir en un País donde todos son iguales. No tardé mucho en descubrir la verdad. La etiqueta de “el otro”[1] no tiene mucho valor en una sociedad que valora la familia nuclear Latina por sobre todo.

He vivido la mayoría de mi vida adulta en ciudades grandes, como Londres y Sevilla. Una de las cosas que más me gusta de la ciudades grandes es que atraen todo tipo de gente; ves una representación tan vibrante de la sociedad del país, incluso mucho que son clasificados como “el otro”. Lo que me choco tanto de La Paz era la falta de visibilidad de la comunidad LGBT.

Entrevisté a Alberto Moscoso Flor, el director de AIDESPROC Libertad[2] quien dijo “(en Bolivia) Tu no vas a ver mucha gente gay en las manifestaciones de derechos en el mismo desfile, ¿por qué?, porque la sociedad todavía maneja ese doble discurso moralista, y porque de la misma manera la propia comunidad esta todavía en el ‘closet’, no todos, pero gran parte (…)te vas a dar cuenta que la comunidad no es muy publica, pues todavía hay mucho prejuicio social, hay mucho estigma frente a los temas LGBT”.

Para una “gringa” como yo, no tiene sentido que un país se defina tan inclusivo, tan anti-discriminatorio y todavía tenga esta cultura de “no preguntes, no digas” en cuanto a los derechos de la comunidad LGBT. Alberto afirma que esta cultura esta vinculada con los fuertes valores religiosos que la mayoría de la población tiene “la constitución política del estado te dice que respeta y garantiza tus derechos independientemente de tu orientación sexual y tu identidad de genero, sin embargo, no pasa eso porque la iglesia tiene mucha influencia en la familia, en los colegios, entonces es muy difícil que los chicos y las chicas asuman plenamente su sexualidad”

Aquí, como en muchos países Latino Americanos los trapos sucios se lavan en casa el otro es visto como un trapo sucio, “prefieren esconder a sus hij@s, niet@s, sobrin@s y demás miembros de la familia debajo de una mesa a puertas cerradas creyendo que nunca encajaran en la vida ‘normal’ en la que deberían socialmente haber sido construidos”.[3] Pero gracias a organizaciones como ADESPROC Liberta la opinión pública está cambiando lentamente. La organización se está enfocando en la legalización del matrimonio entre personas del mismo sexo. El Defensor del Pueblo de Bolivia Rolando Villena, ha pedido a la Asamblea Legislativa de ese país que incorpore en el nuevo Código de Familia una figura jurídica que reconozca las parejas del mismo sexo. ““Tomando en cuenta el reconocimiento internacional de los derechos de la población GLBT y la prohibición a toda forma de discriminación, explícita en la Constitución Política del Estado, consideramos que  se debe incorporar en el Código una institución análoga al matrimonio o unión libre de hecho para personas de mismo sexo, regulando efectos legales, respecto a bienes gananciales; sucesiones; seguridad social a  corto y largo plazo; asistencia familiar; administración de bien y representación legal; extinción del vínculo y efectos,  además de otros relativos”, ha solicitado Villena.     

Ha habido pequeño avances en cuanto los derechos de la comunidad LGBT, pero es un proceso lento especialmente en América Latina. El 2 de Septiembre de este año el estado norteño de Coahuila, se hizo el segundo región en México a reconocer oficialmente el matrimonio entre personas del mismo sexo. Ejemplos como Coahuila muestran que siempre se puede lograr la igualdad, independientemente del contexto. El derecho de amar y ser amado es universal e inalienable.




[1] El otro se refiere a la comunidad LGBT.
[2] AIDESPROC Libertad es un ONG establecido que trabaja con los derechos de la comunidad LGBT en Bolivia.
[3] Cita del informe anual derecho humanos del estado plurinacional de Bolivia elaborado por Martin Vidaurre

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