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viernes, 27 de junio de 2014

Mi experiencia como cooperante tecnico - Ariel del equipo Focapaci

Mi nombre es Ariel Celiz Vargas, vengo trabajando hace más de once meses ya casi un año. El saber que aun principio iba a trabajar en un proyecto con familias de la ciudad de El Alto en la implementación de huertas urbanas y el apoyo a un centro infantil en Portada Triangular me llenó de mucha emoción.

El compartir esta experiencia junto a mi compañera Edel como cooperantes técnicos, nos abrió un nuevo horizonte. Empezamos a coordinar  actividades junto a nuestra team leader, conociendo al socio, visitando a la comunidad beneficiaria y a los niños en el centro infantil.

En lo personal fue un reto puesto que como cooperante técnico local, mi función fue mediar la relación entre los voluntarios del Reino Unido y la comunidad. En un principio tenía mucho medio porque era la primera vez que tuve que interactuar entre jóvenes de una cultura diferente de habla inglesa y personas de comunidades rurales en su mayoría mujeres.


Con la ayuda y experiencia de mi Team Leader esos miedos fueron desapareciendo y convirtiéndose en experiencias. El poder del lenguaje corporal fue mi primera herramienta ya que mi inglés era muy básico, eso les encantaba a mis voluntarios.

Para romper esa brecha del idioma creamos un juego muy práctico, lo hacíamos rumbo al trabajo dentro de la movilidad, porque teníamos mucho tiempo yendo de la oficina a la ciudad de El Alto. Nuestro juego consistía en que el voluntario tenía que decirme una palabra en español y yo tenía que traducirlo al inglés, y del mismo modo yo decía una palabra en inglés y ellos tenían que decirme el significado en español. Esto nos ayudó mucho, en especial a mí porque aprendí a decir todas las herramientas de construcción en inglés.

Focapaci; trabaja en la formación y capacitación ciudadana a poblaciones vulnerables en la ciudad de El Alto como ser, familias y mujeres cabezas de hogar de escasos recursos.

Nuestra función fue dar apoyo a familias que migran del campo a la ciudad, en muchos casos madres solteras y/o viudas en busca de mejores oportunidades.

Gran parte de estas familias no culminaron los estudios secundarios, lo que hace aún más difícil su acceso a un empleo digno. El proyecto se centra en proveer a cada familia de una huerta “invernadero” con el fin de la sostenibilidad alimentaria. Todos los productos desarrollados en la huerta son productos orgánicos los cuales van para el consumo familiar, los excedentes son destinados para la comercialización, apoyando a la familia en la compra de útiles escolares o en la compra de otros productos alimenticios.

El desafío que tuvimos fue implementar en las familias la costumbre y/o necesidad del consumo de productos orgánicos, puesto que gran parte de las familias en la ciudad de El Alto consumen sólo carbohidratos como ser arroz, fideo papa, chuño, tunta, etc. Un dato interesante fue saber que gran parte de niños obesos se centran en esta ciudad, y eso es señal de una mala alimentación.

Para lograr nuestro objetivo desarrollamos talleres de nutrición con las familias y niños en los centros infantiles. Esto ayudo mucho a los padres de familia para incorporar los vegetales en su dieta diaria.

En este proceso de aprendizaje y formación se formaron fuertes lazos de amistad entre las familias y los voluntarios.


Por una parte ver como familias de escasos recursos luchan por tener una vida digna y sana con la implementación de sus invernaderos, a base de trabajo y esfuerzo, motivó de gran manera a los voluntarios en el sentido de desarrollo y cooperación, ya que ellos vienen de un contexto muy diferente en busca de obtener experiencias inolvidables que aporten a su desarrollo personal.

Esta experiencia fue mutua. Así como los voluntarios aprendían sobre huertas y recibían capacitaciones en Focapaci, para después replicarlas en las familias, también aprendían de las experiencias cotidianas de cada familia. Desde la forma de clavar un clavo hasta techar un invernadero, eran cosas de gran valor para los voluntarios. En especial cuando era la hora del almuerzo donde todos compartíamos del tradicional Aphtapi, junto a las familias compartiendo anécdotas y costumbres de ambos contextos sociales.

Ser parte de este proceso como cooperante me ayudo a desarrollar mis habilidades personales, como la interacción entre dos culturas diferentes unidas por un mismo objetivo. El aprender una nueva lengua como el inglés, el compartir costumbres y valores me lleva a reflexionar que todos somos parte de un aprendizaje constante, así como enseñamos también aprendemos.


No importan las barreras del lenguaje ni las diferencias culturales cuando todos nos unimos por un objetivo común, ya sea en la construcción de un invernadero, el apoyo a niños en los centros, ayudando al prójimo y fortaleciéndonos en diferentes aspectos como personas.

Quiero agradecer al programa ICS por esta gran oportunidad, a nuestros team leaders, voluntarios del reino unido y en especial a aquellas familias que abrieron sus puertas para tan linda experiencia.

Escrito por:
Ariel Celiz Vargas






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